La Coctelera

11 Febrero 2009

 

Es solo una cancion - Amaral

No debe ser tan difícil, se dice, pero se le hace un mundo. Una barrera, un muro, una obstrucción, tan suya, tan propia, tan personal, que es tangible, real, sólida. De hormigón.

Primero, busca un motivo, no lo encuentra, después, un intento, fallido. Y si sale algo, es gris, oscuro, negro, espeso. No quiere, se dice. Las válvulas de escape son para los coches. Yo quiero arte.

Un folio en blanco, una mente en blanco. Y se enfada de esos momentos que deja escapar, de esas palabras que no encierra en garabatos. Por pereza, porque el momento no es el apropiado...excusas, excusas. No quiere un esfuerzo como terapia. Quiere fluidez, quiere resultados. Se empecina, pero pocas veces. Se abandona, mayormente. Pero siempre presiente el muro. Y la conciencia de que quiere destruirlo. Una voz que lleva pico y pala, y que es en la que confía.

Tan fácil le parece cuando no lo está haciendo, tan difícil cuando se pone. Debe ser un trabajo, una costumbre, un hábito... y esta idea también le cuesta llevarla a cabo. Pero sabe que sólo es el esfuerzo y el trabajo aplicado el que le llevará a algo. Porque también confía de las veces que salió algo cuando estaba presionado para ello. ¿Siempre trabajando bajo presión...? (qué flojo...). Y de los que le animan, le han oído, le han leído. De esas veces en las que parece que el muro, o no ha estado nunca ahí, o se ha caído, o se ha vuelto invisible de repente.

La invisibilidad del muro se da cuando siente que lleva las riendas de su vida. Aunque no siempre. La facilidad es líquida, resbaladiza, dulce... y tampoco anima a exigirse mucho.

Pero no le gusta lo que sale en momentos oscuros. No quiere humo, no quiere vómitos. Sólo pensamientos certeros, palabras exactas, sentimientos encuadrados. Una mano invisible que le guíe, le transporte...eso espera: los pellizcos.

 Ese es su dilema: presiente (que no sabe con certeza), que es capaz de hacerlo, y no sabe porque no lo hace: porque no le es necesario, porque no lo necesita, porque no se enfrenta a sí mismo...En última instancia, también sabe, que no hace falta llegar al dolor para empezar...ha de ser placentero, una vía de autoconocimiento, un lo hago porque lo quiero y porque me da la gana. Y encima me gusta.

Eso quiere. Trabajar como la hormiga, disfrutar como la cigarra. Pero... ay! la soledad... harina del costal de cualquiera que se quiera sentar.

27 Enero 2009

Nómadas

27 ene 09

Alerta - Amaral

 Una despedida breve, rápida, certera. Sin demora, porque no hay tiempo. Siempre hacia adelante, porque la parada es más dura que el propio camino. Sin mirar atrás, pero pronunciando las palabras fuertes, que se dicen con la mano en el pecho. Adiós, te quiero, cuídate. Y el portazo del ascensor.

 Una despedida que huele a costumbre, y que se debate entre el cansancio de despedidas sucesivas, y la necesidad de no poder pararse en el mismo sitio. Un dolor que se disimula, se traga, un dolor que se pasta en la saliva y se rumia desde mucho tiempo atrás. Una nostalgia honda, una añoranza con raíces afianzadas en los sucesivos adioses. Adiós. Y ha cerrado ya la puerta del portal.

 El abrazo breve pero fuerte. El beso ligero, pero fresco. La última mirada, de soslayo, pero con una sonrisa. Y al cerrar la puerta todo queda igual. El mismo abandono, las misma faltas de ganas, la única posibilidad de seguir hacia adelante. La cama que espera, para hundirse en ella, la vida, esa vieja amiga de costumbres, que le hace levantarse para recordarle que la parada siempre es más dura que el camino.

 Esta vez intenta ponerle otro color a la tristeza. Pero sabe a lo de siempre. A levantarse rápido, y mirar adelante, siempre adelante.

Y es que tiene peor prensa el que se para a descansar que el que se levanta rápido. Pero nadie le pregunta si tiene ganas de continuar o, simplemente, parar por siempre, no seguir huyendo hacia adelante.

 (A los desheredados. A los despatriados. A los exiliados: sin causas, con causas ajenas o propias, razonadas, o sin razonar. A mi hermana. Del alma)

 

 

 

18 Enero 2009

El amor de su vida

18 ene 09

- ¿Ha conocido ya al amor de su vida? - le preguntó la presentadora de televisón durante una entrevista de presentación de su nuevo libro.

Y él sonrió, melancólicamente, con una sonrisa nostálgica, de aquellas propias de haber tirado una piedra al estanque de los recuerdos, una sonrisa interior, lánguida, como las reverberaciones de una china tirada a un lago. Y recordó. Y entonces tuvo ganas de llorar. Pero siguió recordando.

Recordó que, quizás, había conocido demasiado pronto, demasiado joven, al que él consideraba, sin equívocos, el amor de su vida. Demasido inexpertos para no malograrlo, demasido ingenuos para no saturarlo, agotarlo, desentenderse de él, demasido ignorantes de lo que tenían entre las manos. Y demasido viejo para saber que, efectivamente, no se había equivocado en la certeza de que, aquél, era el amor de su vida.

Porque, y por eso lo sabía, una vez superados el dolor, la separación, el trauma de los sueños rotos, los jarrones derramados, la quiebra de los cuentos sin final feliz - una vez superado todo aquello - nunca había buscado al mismo rostro en otras caras. Quizá, ni siquiera había buscado. Había encontrado otras personas, diferentes entre sí, diferentes al otro amor, que por unas cosas le habían gustado, y por otras nunca le habían llegado a conquistar.

Pero cierto es que nunca se había vuelto a encontrar la misma sonrisa limpia, transparente, aquella sonrisa que no quería transmitir más que eso, risa, contagio, alegría. Una sonrisa que se anticipaba a todas, que permanecía - aún acabada - después de todas. Ni tampoco había vuelto a encontrarse los mismos ojos aguamarina, esa mirada azul, depurada por el dolor y el sufrimiento. Ni tan siquiera encontró la misma cara surcada por pesares, aunque se mantenía joven, radiante, brillante, con luz propia, gracias a unas tristezas que habían horadado en su fino cabello rubio entradas y claros, pero que no le habían colocado canas, porque su alma no entendía de edades. No. No se había vuelto a encender un flexo en la cabeza de nadie a quien mirase. Ninguna farola había vuelto a alumbrar ninguna cabeza nuevamente acariciada.

Recordó, también, que cada vez que se encontraban, si continuaban solteros, ellos ya no se esforzaban en no hacer uso de un amor imperecedero, incaduco; no evitaban la tarea de los amantes inacabados, que son aquellos que todavía no han terminado de hacerse y, que precisamente por esto, no tienen más espacio y tiempo que el fugaz, el breve, el casual, el espontáneo, porque el tiempo en que se creían eternos - ¡ay, ese tiempo! - había acabado antes. Mucho antes.

- No. No creo en las medias naranjas - Y prosiguió la entrevista tranquilamente.

10 Enero 2009

El fin de la inocencia

10 ene 09

"Bienvenidos a la edad de la no inocencia: Nadie desayuna con diamantes ni tiene romances. En lugar de eso, desayunamos a las 7 de la mañana e intentamos olvidar los romances los más rápido posible" (Carrie Bradshaw-Capítulo 1)


No era ya un ocaso de sol, sino que estaba amaneciendo, en aquel inmenso campo de batalla. Dos cuerpos inertes. Una lanza partida. Y, sin embargo, un testigo de todo aquello. Lo que no mata, engorda, le dijeron. Pero, ¿quién quiere ser obeso en esta vida?.

Lo que no mata alarga, retarda, envenenna, y paraliza. Lo que no mata, duele, y, el dolor, es eterno de por vida. Pero, ya saben, amigos, y enemigos, la pena, es pura, y es sagrada... los palos en la nuca sólo se le dan a los conejos.

¿Qué queda en la pupila del testigo de una defunción?. ¿Qué transmite la mirada de un notario?. ¿Cómo mira el que amortaja?. ¿Cuánto tiempo permanece intacto un himen?.

Bienvenidos a la treintena: a la pérdida de la inocencia. A un abandonar precipitadamente las ideas, las costumbres que te acompañan desde la niñez hasta la adolescencia, y aún pasando por ésta. Un saber que madurar implica perder la candidez o, al menos, que el resto ha perdido la suya. Un saberse solo, y frente a uno mismo, sin saber por dónde, ni cómo, y frente al resto y sus navajas afiladas. Un tomar conciencia de que nadie es imprescindible: ni la familia, ni los amigos, ni la persona que camina a tu lado... aún queriendo que fuesen imprescindibles para toda la vida. Pero ya no puedes confiar en esa idea.

La inocencia no debería ser parimonio exclusivo de la infancia. Ni un oasis, ni un paraíso perdido. No debe ser siquiera una belleza robada. La inocencia ha de ser una forma de caminar durante el trayecto, de mirar, de hablar, de sonreir, una actitud ante la vida, de humildad, de aprender, de crecer, de evolucionar... A la vez que se confía en aquello de lo que te alimentas. Nadie bebe del estanque pensando en caerse al río. Ni nadie espera que la mano que le da de comer le estrangule por el cuello. Y, sin embargo, ocurre.

Resistir con tu inocencia frente al resto del mundo se convierte en algo mucho más estoico que encontrar un empleo. Te obligan a abandonarla por razones de supervivencia.

Quizá sea mejor pensar en ir aparcándola y pensar que, igual que nacemos desarmados y seguros y confiados, la vejez implica un ir volviendo a esa niñez desde que la que empezamos y en la que, por tanto, podremos recoger de nuevo nuestro arma. Con la que sonrerir de nuevo al mundo, y ya con todo conquistado.

No, señores, no: los inocentes no han nacido en un huevo Kinder.

"El proceso de la verdadera madurez empieza por la inocencia, continúa con el realismo, pasa por el cinismo, para volver finalmente a la inocencia de partida. Para mí, la inocencia es el punto más álgido de la fortaleza. Es el mismo camino de Eisntein" (M. Night Shyamalan)

24 Diciembre 2008

Felices Fiestas

24 dic 08

Feliz Nochebuena. Feliz Nochevieja. Feliz Entrada de Año Nuevo, al 2009 ya...

Mucha salud, mucho Amor. Que ninguno estéis, estemos, solos. Siempre, bien acompañados.

Besos de corazón

15 Diciembre 2008

Se nos olvida

15 dic 08

eso (con omara portuondo) - Alejandro Sanz

(Todos los días se olvida. Todos los días se muere - Melocotones Helados, Espido Freire)


Todos los días deberíamos abrazarnos a un árbol. Para sentirnos en comunión con nosotros mismos mientras percibimos cómo nos absorbe nuestra energía y nos la devuelve transfomada a través de su propia sabia . Claro, que a nadie se le ocurre abrazarse a un árbol, ni en plena vía, ni en un lugar apartado, aún lejos de las miradas curisosas.

Todos los días deberíamos deternos en la sonrisa de un niño, y, si bien, no sólo sentirnos complices de ella, usarla a modo de espejo y recordar que esa misma sonrisa permanece en nosotros, eterna, para siempre, esperando a que le demos cuerda de nuevo. Porque algún día reímos de la misma manera, y no nos detenemos a escuchar ese eco. Esperando a que le demos cuerda... cuánto tiempo ha de esperar?.

Casi a diario deberíamos recordar alguna que otra llamada de auxilio de una amistad desatendida. Ese café pendiente. Esa canción que aparece en nuestra cabeza hace días y no buscamos el tiempo de darle al play. El libro olvidado en la mesita de noche que no sabemos ni por cuál página íbamos. Ni qué capítulo, ni por dónde transcurría la historia.

Casi todos los días vamos olvidando aquel familiar al que hace mil vidas que no llamamos. Aquel jersey que tantó gustó de comprar, y ya no recuerdas que habita en tu armario. Ese tomate que compraste, fresco, jugoso, para comerte ese día, y quedó putrefacto en la nevera. El artículo que llevas hace días queriendo actualizar en el blog, y no alcanzas a ver el momento de encender el ordenador. El canario, al que le falta agua y alpiste. Las plantas, que ya sólo riega la lluvia de este otoño invernal. Tu abuela, tu madre, tu hermana, tu primo, ¿cuánto tiempo hace que no les pasas la mano por la cara?. ¿Desde cuándo no besas la mano desatendida?. Ni ofreces la tuya...

Una vez al mes deberíamos acercarnos al campo, y al menos tres veces al mar. Aún más, no debería pasar un día sin que escuhásemos el graznido de una gaviota. A que un golpe de viento, alguna ola, nos recomponga el gesto. Y así, día, tras día, vamos viviendo, sobreviviendo, viviendo. Sedimentando. Y esa semilla que germinó un día, ese afecto, ese abrazo, ya no resulta tan importante, tan trascendente como pareció en su momento. Al amor se le olvida el amor, qué paradójico. Te acostumbras a la ausencia, al olvido y esa primavera tiene una esquina rota (Benedetti), y ya no pasas por ella. Se me olvidó que te quería, se te olvidó que me querías. ¿Y entonces, por qué este recoveco, por qué este pozo sin fondo que no deja de pedir el cubo de agua que no se le echa?, ¿qué no hemos recordado, qué no hemos cuidado, qué se ha desatendido, qué paso se ha saltado?.

¿Por qué no se cuida, exactamente, todos los días, el oro del corazón?

30 Noviembre 2008

Votos y reglas

30 nov 08

Por más incienso que enciendo para purificar el aire, por más velas que enciendo para ahuyentar las sombras, aún suena el estrépito del derribo, el ruido ensordecedor de los escombros, el eco de la dinamita que estalló en las manos, en la cara; aún resuenan los tambores de las palabras no dichas, de las ahogadas, de las llaves que giraron para desprenderse de la cerradura para siempre, de los portazos, de las exclamaciones ahogadas, de los Lladró rotos.

Por más que suena Frank de fondo, por más vino que me sirvo en copas de cristal, por más capítulos que me pongo de la Bradshaw, no desaparecen los grilletes. Ni el olor a azufre que deja este rencor y que está cubriendo de mohíno las paredes y de verdín el suelo. Esta incomprensión que es como el dióxido de carbono de una estufa de gas que me está produciendo una muerte dulce. En este mal hotel de habitaciones compartidas.

Dolor y rencor pasan de la aurícula al ventrículo en un difícil cóctel molotov que acabará por reventar al pericardio. De la sístole salen odio, rencor, vergüenza, y al diástole llegan pena, melancolía, añoranza, amor. La culpa ha asomado pocas veces y la ha acallado la conciencia tranquila. ¿Cómo se redefine el concepto de una persona en 4 segundos?. ¿Cómo se pasa de lo justo a lo injusto en tan sólo 9 segundos?.

¿Por qué será que podemos escribir nuestros propios votos pero no nuestras reglas?.
¿A quién le juramos votos, a nosotros mismos, o a la otra persona?. Pero, si no los cumplimos, ¿a quién traicionamos, a nosotros mismos, o a la otra persona?. Si los votos se cumplen, pero no se cumplen ciertas reglas: ¿hay que aclararlas, falta sinceridad, falta valentía, o faltan ambas cosas...?. Siempre tuyo, siempre mío, siempre nuestros... es fácil pronunciar estos juramentos. Pero. ¿cómo llevarlos a cabo, qué reglas no se han cumplido?.

La pregunta flota como humo de cigarro que ya no satisface, y queda sin respuesta. Sin respuestas. Entre el vacío del incienso, de las velas, de la música, del mobiliario familiar que se va alejando del sentimiento de pertenencia, entre las palabras no dichas, las reclamaciones proferidas y no atendidas. El sentimiento de culpa que no es tal y se usa como arma arrojadiza, y quien esté libre que tire la primera piedra, pero, y si ninguno estamos libres, ¿por qué hablamos de culpas?, ¿por qué nos lanzamos estas piedras?.

Demasiadas preguntas. Y ya no hay un interlocutor válido. ¿Quién te dice la verdad cuando no queda nadie?

26 Noviembre 2008

El amor es química. El amor es física. El amor es todo esto, y mucho más. Una canallada.

Sobre Café con sal

Prefiero la Coca Cola Zero a la light, aunque en el fondo, han dejado de gustarme las bebidas con burbujas. Detesto tener que pelearme mucho conmigo, pero cuestionarme es una constante en mi vida. Adoro a mis amigos, aunque en el fondo soy un solitario. Me encanta mi trabajo, pero mi estado ideal es el de las vacaciones. Allá donde haya mar, podrás encontrarme. Me enganché del tabaco como me engancho de las personas, aunque todavía no he encontrado al sustituto del chocolate. Y no me gustan los huevos duros, ni pasados por agua. Bienvenido. Creative Commons License
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