Soy campogibraltareño de nacimiento, por tanto, puedo afirmar que Gibraltar forma parte de mi paisaje vital. Y eso no lo puede poner ningún político en cuestión. No pago a los políticos para que pongan mis realidades en tela de juicio, sino para que administren dichas realidades. No olvidemos que es nuestro dinero público, como contribuyentes, el  que paga a los que gobiernan. Y a los que opositan. Tanto desde el Senado, como desde el Congreso. Da igual el bando. Y hay que saber para y por lo lo que se paga.

El Peñón de Gibraltar, para los que formamos parte del Campo de Gibraltar (comarca formada por 7 municipios gaditanos) , está integrado en nuestro paisaje visual, en nuestro skyline de cada día. No hay campogibraltareño que se precie -como no existe neoyorquino que afirme que el Empire State Building no forma parte de su geografía - que no se sienta raro si no se baña en la orilla de algún mar y no se encuentra a Gibraltar de frente. Para un campogibraltareño,mojarse en aguas de una playa no campogibraltareña, es sumergirse en un paisaje  en el que  falta el apadrinamiento de la Roca. Temes, incluso, que puedas ahogarte y no tener a mano ese Peñón al que agarrarte. Porque, Gibralatar, es tan cercana, que está a tiro de piedra. Todos los que salimos de las zonas limítrofes de aquella frontera, no concebimos otear el horizonte sin toparnos a la Roca de frente:  siempre quieta, inerte, silenciosa y majestusoa. Nos acecha, pero también nos permite descansar la vista sobre ella.

Gibraltar, también, para los de allí, es un lugar exótico en el que comprar chocolate, perfumes, tabaco y gasolina, más baratos. Igual que los catalanes buscan la electrónica más económica en Andorra. El Peñón constituye, para nosotros, un amplio mercadillo, una gran Plaza de Abastos, en el que se busca aquello que no ofrece el mercado español, o lo ofrece, pero a precios más altos. Es un zoco en el que te topas con costumbres no conocidas al otro lado de la Verja, y donde el castellano y el inglés se mezclan dentro de una misma frase. Puedes pagar en euros, o en libras, pero el turista español allí es bien recibido porque sabe que el euro les salva la economía.

Salvo que no seas de la zona, nadie va para algo más que no sea comprar. Sólo los foráneos se suben a la cima del Peñón a darle de comer a los monos, seguramente, por desconocimiento. Los autóctonos sabemos que esos monos - símbolo patrio, y por patrio me refiero al orgullo inglés - están salvajes y descarriados, te atacan sin piedad, y están sucios y malolientes. No me extrañaría que portasen la rabia. Todos sabemos también que los británicos no son los europeos precisamente más aseados. Y las costumbres higiénicas, son las costumbre higiénicas: estés en una Colonia, o no.

No conozco a ningún campogibraltareño, o sea, español (a veces, vergonzosamente, hay que matizar estas cosas), que se haya inmolado delante de la Aduna en la que otrora se pedía el pasaporte, ahora el DNI (semos europeos). Nadie se rasga las vestiduras por pasar un control aduanero. De hecho, se soportan largas colas para repostar más barato. Y, al fin y al cabo, el Malboro nos sale mucho más barato. Nadie sale de allí sin un cartón de tabaco. Sí nos ha jodido bastante, hasta hace bien poco, que no pudiésemos usar ese aeropuerto. Da igual en que suelo estuviese: la proximidad nos hubiese ahorrado a los gaditanos desplazarnos hasta Málaga, y a ellos rentabilizar tan corta pista (que puedes acabar en el mar en cualquier despegue o aterrizaje).

Precisamente, por logros como éstos, creo más en la palabra cooperaciónn, que en la de animadversión. En la alianza, que en la lucha. Porque precisamente, "tres siglos de firmeza anticolonialista" sólo han servido para eso: para enconarse en tres siglos de firmeza anticolonialista. A lo que te resistes, persiste. Lo que aceptas, se transforma.

Por qué poco dicen que nos bajamos los españoles los pantalones... No hay que llevarlos tan altos, ni los cinturones tan estrechos y ajustados. Además, una buena follada a tiempo también es disfrutable (¿el problema es estar mal follado?). De hecho, para ganar la guerra de Troya, hubo de meterse el caballo dentro.

Insisto: no pago a los políticos para que se rasguen las vestiduras, sino para que administren. El chocolate Cadbury´s, afortunadamente, ya puede encontrarse a ambos lados de la frontera.

(Melón Diesel era un grupo gibraltareño que cantaba excelentemente en castellano)