"Bienvenidos a la edad de la no inocencia: Nadie desayuna con diamantes ni tiene romances. En lugar de eso, desayunamos a las 7 de la mañana e intentamos olvidar los romances los más rápido posible" (Carrie Bradshaw-Capítulo 1)


No era ya un ocaso de sol, sino que estaba amaneciendo, en aquel inmenso campo de batalla. Dos cuerpos inertes. Una lanza partida. Y, sin embargo, un testigo de todo aquello. Lo que no mata, engorda, le dijeron. Pero, ¿quién quiere ser obeso en esta vida?.

Lo que no mata alarga, retarda, envenenna, y paraliza. Lo que no mata, duele, y, el dolor, es eterno de por vida. Pero, ya saben, amigos, y enemigos, la pena, es pura, y es sagrada... los palos en la nuca sólo se le dan a los conejos.

¿Qué queda en la pupila del testigo de una defunción?. ¿Qué transmite la mirada de un notario?. ¿Cómo mira el que amortaja?. ¿Cuánto tiempo permanece intacto un himen?.

Bienvenidos a la treintena: a la pérdida de la inocencia. A un abandonar precipitadamente las ideas, las costumbres que te acompañan desde la niñez hasta la adolescencia, y aún pasando por ésta. Un saber que madurar implica perder la candidez o, al menos, que el resto ha perdido la suya. Un saberse solo, y frente a uno mismo, sin saber por dónde, ni cómo, y frente al resto y sus navajas afiladas. Un tomar conciencia de que nadie es imprescindible: ni la familia, ni los amigos, ni la persona que camina a tu lado... aún queriendo que fuesen imprescindibles para toda la vida. Pero ya no puedes confiar en esa idea.

La inocencia no debería ser parimonio exclusivo de la infancia. Ni un oasis, ni un paraíso perdido. No debe ser siquiera una belleza robada. La inocencia ha de ser una forma de caminar durante el trayecto, de mirar, de hablar, de sonreir, una actitud ante la vida, de humildad, de aprender, de crecer, de evolucionar... A la vez que se confía en aquello de lo que te alimentas. Nadie bebe del estanque pensando en caerse al río. Ni nadie espera que la mano que le da de comer le estrangule por el cuello. Y, sin embargo, ocurre.

Resistir con tu inocencia frente al resto del mundo se convierte en algo mucho más estoico que encontrar un empleo. Te obligan a abandonarla por razones de supervivencia.

Quizá sea mejor pensar en ir aparcándola y pensar que, igual que nacemos desarmados y seguros y confiados, la vejez implica un ir volviendo a esa niñez desde que la que empezamos y en la que, por tanto, podremos recoger de nuevo nuestro arma. Con la que sonrerir de nuevo al mundo, y ya con todo conquistado.

No, señores, no: los inocentes no han nacido en un huevo Kinder.

"El proceso de la verdadera madurez empieza por la inocencia, continúa con el realismo, pasa por el cinismo, para volver finalmente a la inocencia de partida. Para mí, la inocencia es el punto más álgido de la fortaleza. Es el mismo camino de Eisntein" (M. Night Shyamalan)