Durante el tiempo que nos reste, de temporada, de liga, o de partido, ningún día se vivirá como el último porque todos se vivieron como últimos desde el principio. Ni se hará nada especial, porque todos fueron especiales, desde que comenzó esta historia.

Durante el tiempo que nos reste, haré un ábaco de bolas de madera que serán los minutos que transcurran entre la última vez que te dije te quiero, y la próxima en que lo volveré a decir.

Duarnte el tiempo que nos reste, no tendré que convencerte, ni convencerme - ni convencerlos -de que te quiero. Porque el amor ya decidió por mí y no me otorgó derecho a réplica.

Durante el tiempo que nos reste, no me detendré a confesarte nada, porque ya todo te lo habré dicho y, si quedase algo por decir, queda dicho irremediablemente en esta carta.

Durante este tiempo, insisto, intentaré separar el amor del miedo, aunque sepa que es una batalla perdida de antemano; usaré mi corazón como coraza, aunque quede maltrecho y malherido, y mi caballo de guerra llevará tu nombre.

Ni siquiera, durante el tiempo que nos reste, me pararé a hacer inventario, porque serán tiempos empleados en adorarte, ni me pararé a pensar si me quisiste... Eso, ya, ¿qué importa?.

Durante el tiempo que nos reste, no me detendré a buscarme, para que me halles entero, y sólo me pararé a buscarme, cuando te hayas ido, porque para entonces ya estaré definitivamente perdido.

Prometo, incluso, que a lo largo de este tiempo, no habrá huecos para la pena, el dolor, o el llanto; porque éstas son etapas a posteriori y, con tu presencia, sólo cabe invitar a la alegría.

A través de este tiempo -y esto será ya más difícil -intentaré no anticipar a la nostalgia, que es mala compañera de camino y, todavía, nos tenemos el uno al otro.

Durante el tiempo que nos reste, convertiré a la resta en suma, y te amaré mientras me dejen.


(A.S.C - 2004)

(Para J: 2008)