La película es digna. Dignísima. Y divertida. Muy divertida. Pero es una película, con todo lo que eso conlleva, para bien, y para mal. A mayor metraje, mayor pérdida de identidad de la protagonista, y de la magia que una columna periodística da de sí. Por el contrario, mayores gags, mayor diversión, y más espectáculo visual en cuanto a frases chispeantes, escenarios, y vestuarios. Pero eso ya todos lo descontábamos de antemano.

La película es, fundamentalmente, una película sobre la amistad, lo cual respeta el espíritu de la serie. La amistad es el sexto personaje, detrás del quinto, que es Nueva York, y el que unifica a todas ellas. Y es una película sobre la soledad. Soledad, y amistad, para combatirla. Porque es también una película sobre el amor. Pero sobre el amor que decepciona, que engaña, que desencanta, que desemboca en la más terrible de las soledades (en una Nochevieja, por ejemplo). Porque no se peude negar, desde luego, que para tratarse de una comedia romántica, tiene altas dosis de dramatismo.

Por más que me duela admitirlo, Carrie, se desdibuja, mientras Samantha, infla el globo de su personaje. No sé cómo Sarah, tal que productora, lo ha permitido. Pero seguramente no se ha dado cuenta, tan ensimismada con Big.... Porque, en la serie, cuando a Carrie le fallaba su hombre, siempre volvía a enamorarse, bien de sus amigas, bien de la ciudad , bien de un Aidán, de un alcohólico, de un político, de un niñato con el que fumar porros, o de un bisexual, de un escritor fracasado, de sus Manolos... y son en estos romances en los que ella tropezaba, y se encontraba. Se caía, y se levantaba. Porque Carrie representa eso, la sempiterna duda y la constante dualidad. Siempre culpándose, siempre ambigüa, siempre analizándose, siempre decepcionada, siempre entusiasmada. Estereotipada como las demás, sí, pero mucho más humanizada, y, por ello, más fácil de identificar con el espectador... la Carrie adulta no cae en vicios, ha dejado el tabaco definitivamente, vuelve a hundirse por el mismo motivo durante mucho más tiempo y no corre desesperada a buscar consuelo en cualquier guiño que la ciudad le ofrezca. Sus ojos siguen chispeteantes, pero no vacila.

He echado de menos escuhar a Carrie golpear las teclas de su mac, e hilvanar sus pensamientos a través de un solo artículo. Sigue siendo la narradora, pero desde una posición más conservadora (¿adulta?). He echado de menos sus neurosis, porque en alguna de ellas siempre estábamos nosotr@s.

Quizás, ese ha sido el único gran error de la película; tratar de deconstruir el cuento de la Cenicienta durante dos horas veinte para volver al mito en sólo diez minutos. Las bodas han de ser una consecuencia, un resultado, nunca un fín en sí mismas. ¿Y sexo?. Más bien poco, quizá por ello lo suplen con la instantánea de un pene.

Por lo demás, una película exquisita, fabulososa, entretenida... necesaria. No creo, como reprochaba Elvira Lindo desde un artículo de Elle, que la película sea inncesaria por no reflejar fielmente la realidad de NY... Las películas no son una encuesta del CIS.

Más o menos conservadoras, más o menos adultas, al final consiguen lo de siempre, que te quedes con ganas de más.