Se dice que estamos próximos a entrar en la Era de Acuario. Debe ser por eso de la liquidez.

Los trabajos nos meten hoy en un avión, y nos despachan de punta a punta. En los viajes de trabajo, digo, la flexibilidad laboral se traduce en el doble de horas trabajando, y el doble de horas menos dormidas en ese tiempo. Pero no pasa nada. Vivimos en un período de energía inmutable e inquebrantable, en el que la energía, ni se crea, ni se destruye. Simplemente se transforma: las ojeras y signos de cansancio pueden desaparecer con una toallita expréss antifatiga y una buena bebida energizante. O un buen sérum. No debemos perder la sonrisa, ni la buena cara: es un signo de fatiga. Es un signo de debilidad.

Los trabajos, también, por eso de la movilidad, nos pueden cambiar de ciudad en un santiamén, y tampoco pasa nada. Los avances tecnológicos nos permiten mantener una relación a distancia sólo con una webcam, y con el low cost, que hace nuestra vida mucho más fácil. Y barata.

También las fórmulas para mantener la pareja en la distancia son flexibles: el libre albedrío, la multitus de tres, la cana al aire, o la vista gorda. Aunque estas son fórmulas más antiguas que mear hacia adelante. Los grandes avances económicos, tecnológicos y sociopolíticos, parecen no encontrar solución a los viejos problemas del corazón. A los crónicos.

Liquidez, digo. Se cambia de ciudad, de trabajo, de pareja. De amigos, de escenario. O al menos, hay que estar predispuesto. Flexibilidad, manda. Nada puede quedarse antigüo, todo debe transformarse en vintage. Al fin y al cabo, el hombre siempre ha sido un nómada. Los grandes avances, tampoco casan bien con el sedentarismo.

Y cuando llegue la fatiga, que algún día ha de llegar - cuando llega la enfermedad - eso es otra cosa. Igual de chungo de siempre, pero mucho más out. El dolor de la enfermedad, el único que no sirve para levantarse, te convierte en una isla. Entonces te obliga a soltar anclas. Pero nadie parace querer cruzar el puente. Si te creías imprescindible, no lo eres. Liquidez manda.

La vida actual, que no moderna, exige plantar más allá de un árbol, más allá de un hijo, más allá de un libro. ¿Qué tipo de interés pagamos por mantener el aliento en nuestra vida?. ¿Es esta vida una hipoteca de medio, bajo, o alto riesgo?

En un momento en el que los mercados necesitan inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales; ¿qué necesitamos nosotros para que no se nos coagule la sangre?. O por exceso, ¿y para que no nos salga a borbotones por los lacrimales?.