La Coctelera

Café con sal

"Enamorarse es recordar que uno es un exiliado, y esta es la razón por la que la víctima no quiere que la curen, aunque grite: no puedo soportar esta no vida. No puedo soportar este desierto" (Doris Lessing - De nuevo el amor)
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22 Junio 2009

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A nadie le gusta contemplar un cogote en la sala de un cine, pero nadie se pondría el primero delante de un pelotón de fusilamiento. Nadie se queda atrás en una cola de racionamiento, pero nadie pone la cara el primero si lo que se sueltan son tortas. No es lo mismo atrás que adelante, y sin embargo, los extremos acaban tocándose en ocasiones. Y no es lo mismo mirar al frente que mirar de frente. El marchar, en buena medida, depende de si se vuelve. O no se vuelve.

 Igual que anchura y longitud siempre son incompatibles -porque lo largo y lo ancho siempre acaban por divorciar convenios - tampoco existen verdades absolutas, salvo las dos que acabo de pronunciar, lo cual viene a demostrar que las excepciones existen, pero no por ello han de confirmar siempre una regla. Si no todo lo rico engorda, y no todo lo bueno es pecado: ¿se puede andar hacia adelante echando la vista atrás?.

La inercia de la quietud siempre es más fuerte y poderosa que la inercia del movimiento. Más peligrosa, incluso. Parece una redundancia, pero lo quieto, quieto está (¿cómo se suelta el freno de mano?), pero lo dinámico siempre nos acaba llevando a algún sitio. Al lugar esperado, al inesperado, o incluso puede que al punto de partida. Pero al menos se vuelve con una mirada distinta, renovada: la del trecho que se avanzó, y la del retroceso que se escoge por motus propio. Incluso puede que te hayas dado un buen ostiazo. Pero en esta vida, más vale pasarse, que no llegar. Que prenda la cerilla, a que no arda.

Sin embargo, si para atrás, ni para coger impulso: ¿de dónde el impulso entonces?. Y, en el supuesto de que no nos estanquemos en la inercia de girar sobre nosotros mismo cuales peonzas: ¿Andar hacia adelante supone necesariamente dejar atrás?. ¿Y qué se queda atrás, uno mismo, o los demás?. Si se camina con la frente vuelta hacia la nuca, ¿se está avanzando, o sólo disimulando?. ¿Siempre existe el riesgo de convertirse en sal, o lo que se busca es preservarse en sal?. ¿Se puede mirar hacia el futuro dejando un hilo rojo - como Teseo - de vuelta hacia el pasado?.

Quizá para entonces, el camino recorrido no nos deje ver el hilo que soltamos. Quizá incluso, el hilo se haya difuminado. Quizá, para entonces, no queramos siquiera desandarlo. Quizá, incluso, los tirones que nos siga dando sean desoídos, desatendidos,  y el hilo sólo nos sirva para hacer calceta. Quizá, entonces, sólo entonces, uno tenga claro que se quiere volver de adónde se partió. Pero todo ello hay que descubrirlo. Y el camino, se hace andando. Y un desierto, es un desierto.

¿Cómo decir adiós a lo que se ama?. En esto, me temo, no entran en juego las leyes del dinamo, ni de la física, sino la ley de generosidad del corazón. Y, la anchura y altura de cada corazón, sólo cada uno las conoce.

 

Vega - A salvo

SABRÁS QUE HE CUMPLIDO FIRMEMENTE
TU SABRÁS... MI PROMESA DE QUERERTE
HASTA EL FINAL
QUE HE ESPERADO TANTO TIEMPO Y AÚN PUEDO MÁS

SABRÁS QUE YO HE SIDO LA PRIMERA
TU SABRÁS... EN ESCRIBIRTE UNA CANCIÓN
QUE TE RECUERDE AQUELLA VEZ
EN QUE MI CUERPO TEMBLABA

PORQUE TUS MANOS
EN CADA ABRAZO
ME HICIERON SENTIRME SEGURA
SIEMPRE A SALVO... A SALVO
Y TUS BESOS A CADA PASO
ME HICIERON SENTIRME SEGURA
SIEMPRE A SALVO... A SALVO

QUIZÁS NO HE ENCONTRADO LA MANERA
HOY QUIZÁS... DE HACER DE TRIPAS CORAZÓN
DE CONFORMAME CON VIVIR
ANCLADA A UN SUEÑO QUE AMABA

PORQUE TUS MANOS
EN CADA ABRAZO
ME HICIERON SENTIRME SEGURA
SIEMPRE A SALVO... A SALVO
Y TUS BESOS A CADA PASO
ME HICIERON SENTIRME SEGURA
SIEMPRE A SALVO... A SALVO

QUIERO QUE COMPRENDAS QUE SIN TÍ NO TENGO NADA
QUE APOSTÉ TODA MI VIDA Y QUE A LO HECHO PECHO
SIENTO QUE TE MARCHES AUNQUE NUNCA DIGAS NADA
AUNQUE NO TENGA DERECHO A RECIBIR MAÑANA
PUEDE QUE EL FUTURO NO ME LLEVE HASTA TU CASA
PERO SIGO DECIDIDA A NO CEDER POR HOY...

SI TUS MANOS
A CADA PASO
ME HICIERON SENTIRME SEGURA
SIEMPRE A SALVO... A SALVO
Y TUS BESOS A CADA PASO
ME HICIERON SENTIRME SEGURA
SIEMPRE A SALVO... A SALVO

23 Mayo 2009

"Dime: ¿el rojo es un error?"

Existen un espacio y tiempo intermedios entre una puerta que se cierra, y una estancia abandonada. Un espacio y tiempo, en el que no se busca la ventana que se abre, sino que se mira la puerta que se cierra. Esperando a que vuelva a abrirse.

Este tiempo y espacio, que no pertenecen al eco del portazo ni a la oquedad del hall de entrada, contituyen un espacio y un tiempo propios, particulares, distintos. Se trata de una dimensión - tercera, cuarta, quinta, da igual, otra - entre una despedida y un por favor vuelve. Al portazo le prosiguió la rabia y al espacio abandonado le precedieron la soledad y la esperanza desesperanzada. Es un mundo distinto, pues, el que se crea entre el quicio de la puerta y el que nunca giró las llaves. Es el limbo entre uno mismo, pero fuera de sí mismo. Un enorme desierto entre el ascensor de la comunidad, y el recibidor con flores.

 Durante este tiempo tan particular uno se queda vacilando entre la nostalgia de lo que ha salido, y la esperanza de lo que habrá de llegar. El oído se aferra al recuerdo de la cerradura que se cerró, y al silencio que lo invita a pasar a casa, más adentro, a una nueva estancia. El cerebro se divide en dos hemisferios más, aún, y en uno anota las deudas pendientes con el futuro, en el otro, las cuentas pendientes con el pasado. Un pie invita a salir a la calle, a nuevos encuentros, el otro, a reencontrarse con los planes frustrados.

Es el tiempo de la espiral. No pertenece al pretérito, ni al presente, ni al futuro. Es el tiempo de la piedra. De la que se quiere volver a coger, volver a tirar, volver a tropezar. Da igual que sea impenetrable. Toda piedra lo es. Lo importante es el vahído que se queda en ese limbo interior. Esa certeza ciega, y tuerta. Las anotaciones del hemisferio correcto, se desechan, el corazón sigue tirando hacia las tareas  ya comprobadas empíricamente imposibles. No mandan los cuatro hemisferios, las dos aurículas ni los dos ventrículos.  Manda ese espacio entre el quicio y la puerta. El deseo de recuperar el agua vertida por las escaleras.

 Es el tiempo del quiero y no quiero. Del quiero y no debo. Del quiero y no puedo.  Un período en el  que cualquier bálsamo es posible aunque las certezas caigan en entredicho, las decisiones cambien de un segundo a otro. Porque es la fase de los intermitentes: se vuelve sobre lo dicho, lo sucedido, da igual girar a izquierda o derecha, la cosa es volver al mismo carril. Empezar desde cero desde lo antigüo. Y es que no hay otra base.

"La gente se golpea contra la piedra sin comprender que la piedra es impenetrable"(*)...

...¿Cómo aceptar que el corazón es una piedra mojada que no sirve absolutamente para nada más que para teñirlo y regarlo todo de rojo?... El rojo, sin embargo, nunca pudo ser un error. Sin él, la piedra se queda yerta, e inmóvil.

Que vuelvas.

"Porque, mi querido amigo, tú y yo somo como esa pared: una buena idea en teoría, pero en la práctica, no funciona" . (Sex and the city; Quiquiriqui; cap.18-Temp. 3)

(*)Daniel Múgica; La ciudad de abajo

                                              NUEVA YORK

Estática,
las luces y el color
congelan Nueva York
en este cuadro
que cuelga de la pared.

Refugio del dolor
que marca mi latir,
he decidido venirme a vivir aquí,
sin ti...

Por si un día decides
que aquello valió la pena,
si descubres que
ya no te importa el qué dirán,
si te pesan las cicatrices,
la nostalgia de tiempos felices,
dando vuelta por este cuadro
me encontrarás.

Estática,
igual que todo lo demás,
me conformo con pensar
que doblarás esa esquina
y aparecerás
fingiendo no saber
que siempre estuve aquí,
que he decidido esperarte sin más aquí,
sin ti...

Por si un día decides que
aquello valió la pena,
si descubres que
ya no te importa el qué dirán,
si te pesan las cicatrices,
la nostalgia de tiempos felices,
dando vueltas por este cuadro
me encontrarás.

Que no importa qué hora sea del día,
las luces del barrio no se apagarán,
permanecerán siempre hasta el día encendidas,
por si un día decides que quieres buscar
en el balcón donde paso las horas perdidas.
Este cuadro resulta el lugar ideal,
Nueva York y sus calles esperan dormidas
a ese día en que pintes otra realidad,
que yo sin ti no puedo...

17 Abril 2009

Intermission

Vuelvo en 5 minutos. Voy a por la partitura. Están las notas pero se perdió la melodía.
Y vuelvo.


Ode To My Family (Acoustic) - Cranberries

26 Marzo 2009

"Un destino no se elige: se cumple" (A. Gala)

"He tenido grandes casualidades en mi vida, pero he tenido que trabajar muy duro para llegar hasta aquí"; rezaba una flamante Pe, recién merecedora de un Óscar. Y mirándola, destila el aura de la que trabaja, pero estaba predestinada para ello. Porque, banal y superficialmente hablando, hay gente a la que le pasa lo que transpiran, para bien, o para mal.

Es la vieja pregunta de si fue antes el huevo a la gallina; ¿nacemos con la partitura, sin ella, o la partitura viene con marcas de agua que hay que interpretar y reescribir nosotros mismos en el papel de al lado?. Cual caligrafía. Con tiento y buena letra.

Afirma Antonio Gala que la vocación puede ser contradicha, pero el destino, jamás, entendiendo como destino "necesidad irrefatible": "El destino trata de cubrir un objeto interior, y parece más atenuado o indiferente que la pasión porque las llamas de su fervor, no se traslucen. La pasión no va de dentro a afuera, sino al revés: es un choque entre el espíritu y el mundo exterior, y de ese brote, saltan chispas. No es que la pasión tenga más fuerza que el deseo: es que tal fuerza se dirige a un objeto ajeno a uno mismo".

¿Nos marcan pues, las "pasiones" (vocaciones) y las "necesidades irrefatibles" (destino)?. ¿Podemos cultivar sólo aquello que nos gusta y atrae e ignorar los que nos llama a gritos?. O, ¿tiene todo el mundo un destino, o sólo algunos elegidos están llamados a cubrir misiones irrebatibles mientras otros cultivan sus aficiones sin tener nunca que cubrir una necesidad interior?.  

Para Ortega y Gasset la vocación no es más que el estilo de vida al que uno aspira, un modus vivendi. Para él no existen destinos que cumplir, sino organizaciones vitalicias a las que aspiramos y por las cuales luchamos: ser maestro, por ejemplo, supone un tipo de vida que nos cumple y realiza, con todo lo que ese oficio conlleva. Igual que el que quiere ser astronauta. Según su pensamiento, los oficios vienen a ser franquiciass vitales que nos realizan en todos los aspectos: personales, económicos, familiares, etc.

Francisco Umbral, por su parte, es más relativista: "El talento, en buena medida, es cuestión de insistencia".

 Así, si ya está todo dicho, pero no escrito: ¿sólo queda recorrer el camino no andado?. ¿Está la calzada trazada pero aún no los pasos marcados?

Y ¿por qué hay personas a las que les "pega" que les pase lo que les pasa?. ¿Existe gente deslucida, o simplemente, algunos, dejaron de pagar la luz?.

  "A cada ser se lo creó para estar en un sitio. En tal acierto consiste la felicidad. Se trata de un trabajo. Hay que abrir bien los ojos, no cerrarlos, estar muy bien despiertos... Y no vacilar entre la nostalgia y la melancolía("un  fui feliz...)" (A. Gala)

5 Marzo 2009

Versión Beta.0

 

Sé Feliz - Luz Casal

Redecorar una vida es harto caro. Y harto dfícil y lento. Se necesita disponer del tiempo propio, y del ajeno, para tirar la casa por la ventana y construir una nueva. Y amnesia para olvidar los límites de tu cuenta corriente.

Así, es necesario arratrar de dos, tres y hasta cuatro amigas - y algún que otro amigo telefónico - para deliberar sobre una improbable mudanza. Decidida la no conveniencia de ésta, toca mudar de escenario, de decorado. Las formas son muy importantes. El atrezzo, fundamental. Se hace pues indipensable que Ikea te libere crédito y te dé licencia sin interés. La compañía a este centro también es primordial si no se quiere salir ahogado de una madriguera sin fondo. Y del ahogo de tus propias indecisiones. Casi ningún color pega con la nueva soledad recién adquirida.

Mientras se deciden los nuevos puntos de vista a adquirir en la vida es conveniente cambiar de montura de gafas. Al menos, si tú sigues sin ver las cosas de otra manera, los otros te verán con una mirada distinta. Y tu espejo te devolverá una nueva imagen. Cualquier cosa que se tira, que se recicla, que se desecha, es válida. Cualquier menudencia que se adquiere, un flotador, un salvavidas. Cualquier euro gastado, un ahínco para adelante.

Son precisamene éstas las épocas menos propicias para leer libros de autoayuda. La mente y el corazón no están muy permeables a escuchar cosas que te salen intrínsecas por naturaleza cuando uno está bien, no mal. Y  sale más práctico, aunque menos barato, invertir tu tiempo en revistas que te distraigan, y en cafés, copas, y cenas, en las que puedas escuchar a la gente. Es tiempo de oír a todos y después hacer lo que te venga en gana. O lo que se pueda, más bien. También conviene invitar a las copas, a los cafés, por eso de pagar la terapia. Los amigos son elásticos, pero no divanes baratos.

Esa bici que nunca pensaste montar, se compra. Ese videoclub que nunca miraste - bueno, más bien miraste con cierto desprecio, ¿quién entra en un videoclub hoy en día? - se vuelve tu mejor aliado. Es hora de revisar los capítulos de tu serie favoritta. Y tirar de aquellos teléfonos que muchas veces estarán comunicando y/o fuera de cobertura.

Se abren dos ventanas a Nueva York en el dormitorio (estas fotografías en blanco y negro sobre madera del Empire State de noche, del Empire State de día, han costado un pastonazo) y las sábanas, que ya no invitan a la lujuria, se tiñen de negro. En el salón, sobre aquel punto de fuga, blanco, vacío, hueco, se coloca ahora un Jorge Sanz - Mamá Graf que codiciabas hace algún tiempo: "Paseo por el Prado nocturno". ¿Por qué será que ciertos sueños sólo se recosinderan cuando uno vuelve a estar solo?, ¿el cumplimiento del sueño exige la soledad?. ¿Se retoman ciertas metas en dique seco?. El cumplimiento a uno mismo, ¿exige la individualidad?. Mientras preguntas, obvias lo gastado en arte. Es Arte.

¿Hasta qué punto es posible reinventarse sin traicionarnos?, ¿podemos reinventarnos sin dejar de ser nosotros mismos?. ¿O es precisamente cuando más leales nos estamos siendo?. ¿La reinvención supone cambiar de muda sin escupir el veneno?. ¿O también hay que expulsarlo?. Entonces, ¿con qué defensa te quedas?.

Aunque la mona se viste de seda, y mona se queda, ¿no queda mona embellecida?.

Y, ¿Es posible tirar la casa por la ventana sin caer arrastrado detrás de los muebles?.

 

11 Febrero 2009

 

Es solo una cancion - Amaral

No debe ser tan difícil, se dice, pero se le hace un mundo. Una barrera, un muro, una obstrucción, tan suya, tan propia, tan personal, que es tangible, real, sólida. De hormigón.

Primero, busca un motivo, no lo encuentra, después, un intento, fallido. Y si sale algo, es gris, oscuro, negro, espeso. No quiere, se dice. Las válvulas de escape son para los coches. Yo quiero arte.

Un folio en blanco, una mente en blanco. Y se enfada de esos momentos que deja escapar, de esas palabras que no encierra en garabatos. Por pereza, porque el momento no es el apropiado...excusas, excusas. No quiere un esfuerzo como terapia. Quiere fluidez, quiere resultados. Se empecina, pero pocas veces. Se abandona, mayormente. Pero siempre presiente el muro. Y la conciencia de que quiere destruirlo. Una voz que lleva pico y pala, y que es en la que confía.

Tan fácil le parece cuando no lo está haciendo, tan difícil cuando se pone. Debe ser un trabajo, una costumbre, un hábito... y esta idea también le cuesta llevarla a cabo. Pero sabe que sólo es el esfuerzo y el trabajo aplicado el que le llevará a algo. Porque también confía de las veces que salió algo cuando estaba presionado para ello. ¿Siempre trabajando bajo presión...? (qué flojo...). Y de los que le animan, le han oído, le han leído. De esas veces en las que parece que el muro, o no ha estado nunca ahí, o se ha caído, o se ha vuelto invisible de repente.

La invisibilidad del muro se da cuando siente que lleva las riendas de su vida. Aunque no siempre. La facilidad es líquida, resbaladiza, dulce... y tampoco anima a exigirse mucho.

Pero no le gusta lo que sale en momentos oscuros. No quiere humo, no quiere vómitos. Sólo pensamientos certeros, palabras exactas, sentimientos encuadrados. Una mano invisible que le guíe, le transporte...eso espera: los pellizcos.

 Ese es su dilema: presiente (que no sabe con certeza), que es capaz de hacerlo, y no sabe porque no lo hace: porque no le es necesario, porque no lo necesita, porque no se enfrenta a sí mismo...En última instancia, también sabe, que no hace falta llegar al dolor para empezar...ha de ser placentero, una vía de autoconocimiento, un lo hago porque lo quiero y porque me da la gana. Y encima me gusta.

Eso quiere. Trabajar como la hormiga, disfrutar como la cigarra. Pero... ay! la soledad... harina del costal de cualquiera que se quiera sentar.

27 Enero 2009

Nómadas

Alerta - Amaral

 Una despedida breve, rápida, certera. Sin demora, porque no hay tiempo. Siempre hacia adelante, porque la parada es más dura que el propio camino. Sin mirar atrás, pero pronunciando las palabras fuertes, que se dicen con la mano en el pecho. Adiós, te quiero, cuídate. Y el portazo del ascensor.

 Una despedida que huele a costumbre, y que se debate entre el cansancio de despedidas sucesivas, y la necesidad de no poder pararse en el mismo sitio. Un dolor que se disimula, se traga, un dolor que se pasta en la saliva y se rumia desde mucho tiempo atrás. Una nostalgia honda, una añoranza con raíces afianzadas en los sucesivos adioses. Adiós. Y ha cerrado ya la puerta del portal.

 El abrazo breve pero fuerte. El beso ligero, pero fresco. La última mirada, de soslayo, pero con una sonrisa. Y al cerrar la puerta todo queda igual. El mismo abandono, las misma faltas de ganas, la única posibilidad de seguir hacia adelante. La cama que espera, para hundirse en ella, la vida, esa vieja amiga de costumbres, que le hace levantarse para recordarle que la parada siempre es más dura que el camino.

 Esta vez intenta ponerle otro color a la tristeza. Pero sabe a lo de siempre. A levantarse rápido, y mirar adelante, siempre adelante.

Y es que tiene peor prensa el que se para a descansar que el que se levanta rápido. Pero nadie le pregunta si tiene ganas de continuar o, simplemente, parar por siempre, no seguir huyendo hacia adelante.

 (A los desheredados. A los despatriados. A los exiliados: sin causas, con causas ajenas o propias, razonadas, o sin razonar. A mi hermana. Del alma)

 

 

 

18 Enero 2009

- ¿Ha conocido ya al amor de su vida? - le preguntó la presentadora de televisón durante una entrevista de presentación de su nuevo libro.

Y él sonrió, melancólicamente, con una sonrisa nostálgica, de aquellas propias de haber tirado una piedra al estanque de los recuerdos, una sonrisa interior, lánguida, como las reverberaciones de una china tirada a un lago. Y recordó. Y entonces tuvo ganas de llorar. Pero siguió recordando.

Recordó que, quizás, había conocido demasiado pronto, demasiado joven, al que él consideraba, sin equívocos, el amor de su vida. Demasido inexpertos para no malograrlo, demasido ingenuos para no saturarlo, agotarlo, desentenderse de él, demasido ignorantes de lo que tenían entre las manos. Y demasido viejo para saber que, efectivamente, no se había equivocado en la certeza de que, aquél, era el amor de su vida.

Porque, y por eso lo sabía, una vez superados el dolor, la separación, el trauma de los sueños rotos, los jarrones derramados, la quiebra de los cuentos sin final feliz - una vez superado todo aquello - nunca había buscado al mismo rostro en otras caras. Quizá, ni siquiera había buscado. Había encontrado otras personas, diferentes entre sí, diferentes al otro amor, que por unas cosas le habían gustado, y por otras nunca le habían llegado a conquistar.

Pero cierto es que nunca se había vuelto a encontrar la misma sonrisa limpia, transparente, aquella sonrisa que no quería transmitir más que eso, risa, contagio, alegría. Una sonrisa que se anticipaba a todas, que permanecía - aún acabada - después de todas. Ni tampoco había vuelto a encontrarse los mismos ojos aguamarina, esa mirada azul, depurada por el dolor y el sufrimiento. Ni tan siquiera encontró la misma cara surcada por pesares, aunque se mantenía joven, radiante, brillante, con luz propia, gracias a unas tristezas que habían horadado en su fino cabello rubio entradas y claros, pero que no le habían colocado canas, porque su alma no entendía de edades. No. No se había vuelto a encender un flexo en la cabeza de nadie a quien mirase. Ninguna farola había vuelto a alumbrar ninguna cabeza nuevamente acariciada.

Recordó, también, que cada vez que se encontraban, si continuaban solteros, ellos ya no se esforzaban en no hacer uso de un amor imperecedero, incaduco; no evitaban la tarea de los amantes inacabados, que son aquellos que todavía no han terminado de hacerse y, que precisamente por esto, no tienen más espacio y tiempo que el fugaz, el breve, el casual, el espontáneo, porque el tiempo en que se creían eternos - ¡ay, ese tiempo! - había acabado antes. Mucho antes.

- No. No creo en las medias naranjas - Y prosiguió la entrevista tranquilamente.

Sobre Café con sal

Prefiero la Coca Cola Zero a la light, aunque en el fondo, han dejado de gustarme las bebidas con burbujas. Detesto tener que pelearme mucho conmigo, pero cuestionarme es una constante en mi vida. Adoro a mis amigos, aunque en el fondo soy un solitario. Me encanta mi trabajo, pero mi estado ideal es el de las vacaciones. Allá donde haya mar, podrás encontrarme. Me enganché del tabaco como me engancho de las personas, aunque todavía no he encontrado al sustituto del chocolate. Y no me gustan los huevos duros, ni pasados por agua. Bienvenido. Creative Commons License
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